La ley del “ojo por ojo”
formaba parte de las leyes que Dios dio a los israelitas mediante Moisés.
Además, Jesús la mencionó en el Sermón del Monte
(
Mateo 5:38; Éxodo 21:24, 25; Deuteronomio 19:21).
Según esta ley, el castigo que se imponía a un malhechor
tenía que ser proporcional al mal que había cometido.