Jesucristo enseñó que Dios no quiere sacrificios. Y con su enseñanza del Evangelio abolió los sacrificios porque no eran verdadera ley de Dios pues Jesucristo no vino a abolir la verdadera ley de Dios.
El pecado es no guardar los verdaderos mandamientos de Dios. Y Jesucristo nos libró de los pecados porque nos enseñó la verdadera ley de Dios.





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