Si alguna vez has sido creyente, y pasados los años has dejado de serlo, te resultará difícil concretar en qué punto dejaste de tener FE. La FE te la imponen desde la cuna. El dejar de tenerla es un proceso lento y meditado.
Con qué soltura juzgan los creyentes de “entorpecedores” a la verdad a los no creyentes, cuando posiblemente los no creyentes hayamos leído la Biblia y hayamos meditado sus enseñanzas bastantes veces más que lo hicieron ellos.
Cuando a mí me reprochan que me guío por lecturas extrañas a la Biblia, no saben (o no quieren saber), que antes leí la Biblia varias veces. Lo absurdo de sus narraciones me condujo a la duda. Y esa duda me condujo a fuentes extrañas.
En todo caso, usé lo que hace único al ser humano: Mi cerebro. Mi capacidad de razonar y hacerme preguntas.
La Verdad nos hará libres.