Dios no quería sacrificios ni que se condenara a los inocentes. A Jesucristo le mataron, Él no se sacrificó a sí mismo. Dejó que le matarán para que comprendiéramos que no se debe matar en ningún momento porque muchas veces se ha matado a los inocentes, y en el caso de Jesucristo, mataron al Autor de la vida.





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