El apóstol Tomás,no creía que Jesús había resucitado de entre los muertos, porque había faltado a una reunión en la cuál Jesús se había mostrado a sus discípulos después de su muerte. Pero ocho días después, cuando Jesús se apareció de nuevo a los discípulos,y él estaba en esta reunión,y se convenció cuando lo vió y se dirigió a el, y exclamó: “¡Mi Señor y mi Dios!”. Pero luego Cristo lo reprendió apaciblemente, diciendo: Felices son los que no ven y sin embargo creen. (Juann 20:24-29.)
A mi no me cabe ninguna duda de que si un íntimo amigo mío que lo había visto muerto y enterrado, se me presenta en medio de nosotros en una habitación cerrada y lo toco y habla conmigo, yo, exclamaría "¡Dios mío!". ¿Cómo reaccionarías tú?
Así que no cabe duda que Jesucristo había resucitado y que era el Hijo de Dios, pero en esta ocasión ya no era ser un humano, ya era un ser espiritual porque su cuerpo, para traspasar paredes ya no era un ser de materia, pero para que lo vieran y tocaran,se materializaba y sus amigos íntimos lo reconocieran como el hombre que había estado con ellos durante esos tres años y medio después de su bautismo.





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