Pablo, el principal teólogo del Cristianismo, hace una declaración de fe que no deja dudas a la especulación. Es claro y tajante:

“para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.”
(1 Corintios 8:6 Reina-Valera 1960)

Sólo hay un Dios: El Padre.
Jesucristo tiene el título de Señor. Nada de Dios.
Del Espíritu Santo no dice nada.

Esa es la teología del siglo I.

En el siglo IV, Constantino y unos obispos con estómagos agradecidos, modificaron a su gusto esta teología.

La Iglesia Católica es la continuación de la iglesia de Constantino.