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Loma_P
La práctica en otro tiempo común de usar la Biblia como guía arqueológica ha recibido críticas generalizadas, que la tachan de acientífica. Uno de los críticos más firmes es Israel Finkelstein, de la Universidad de Tel Aviv, quien se ha forjado una carrera profesional a base de echar por tierra sin miramientos tales axiomas. Tanto él como otros defensores de la «baja cronología» afirman que el grueso de las pruebas arqueológicas presentes en Israel y su entorno apuntan a una desviación de un centenar de años respecto a las fechas propuestas por los estudiosos de las Escrituras. Los edificios «salomónicos» que en las últimas décadas han excavado los arqueólogos bíblicos en Hazor, Gézer y Megiddo no se erigieron en época de David y Salomón, sostiene, sino que han de atribuirse a reyes de la dinastía omrida (del siglo IX a.C.), muy posteriores.
En vida de David, según la tesis de Finkelstein, Jerusalén era poco más que un «villorrio»; el propio David, un tosco advenedizo, y su legión de seguidores, «unos 500 paisanos que, palo en mano, lanzaban berridos, juramentos y escupitajos, no el gran ejército de hombres y carros que describe el texto».