El Evangelio enseña que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja que entrar un rico en el reino de Dios. El mandamiento estaba dirigido a un rico que tenía muchas posesiones.
No compares a los ricos con los pobres. Nada tienen los pobres que no llaman propia a cosa alguna. Los verdaderos cristianos no llaman propia cosa alguna, sino que tienen en común todas las cosas con sus hermanos, como vivían los primeros cristianos.





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