Las religiones siempre han existido, y su duración ha sido la duración del pueblo o imperio que la profesaba.

Los imperios morían, y otros nacían. Sus religiones morían y nacían con ellos.

Desde que el hombre es hombre, todos los creyentes no tuvieron duda de que su religión era la verdadera. En ninguna faltaban los milagros, sin duda, obras de Dios.

Todo creyente no debería obviar este hecho. Su religión, aunque él lo pretenda, no puede presentar credenciales que no hayan presentado las religiones anteriores. ¿Qué se quiere? ¿Milagros? ¿Resurrecciones? En ninguna faltan.

A un no creyente le dicen que Dios ha matado a dos personas para dar ejemplo, y saca esta conclusión: Han asesinado a dos personas y el asesino no ha dejado huellas.