
Iniciado por
Ju@njo
Exacto Kimo,
Y ¿que enseñaban los fariseos y los saduceos?
Las leyes crueles e injustas del Antiguo Testamento que nunca fueron de Dios ya que las impusieron los hombres.
Por eso vino Jesucristo, a traernos su Evangelio que contradice todas esas leyes:
"Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo;mas el que no creyere, será condenado." Marcos 16, 15-16
Jesús advirtió a sus discípulos:
“Guárdense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía” (Luc. 12:1).
En la Biblia, la levadura se emplea a veces como símbolo de corrupción.
Sin duda, ese era el efecto que ejercían las enseñanzas y la actitud de los fariseos
en las personas que los escuchaban. Pero ¿por qué era tan peligroso lo que enseñaban?
Se creían más justos que los demás y trataban con desprecio a la gente corriente.
En una parábola, Jesús habló sobre las pretensiones de superioridad moral de estos hombres.
Dijo: “El fariseo se puso de pie y oraba para sí estas cosas: ‘Oh Dios, te doy gracias de que no soy como los demás hombres,
dados a extorsión, injustos, adúlteros, ni siquiera como este recaudador de impuestos.
Ayuno dos veces a la semana, doy el décimo de todas las cosas que adquiero’.
Pero el recaudador de impuestos, estando de pie a la distancia, no quería ni siquiera alzar los ojos hacia el cielo,
sino que se golpeaba el pecho, y decía: ‘Oh Dios, sé benévolo para conmigo, que soy pecador’” (Luc. 18:11-13).
Sin embargo, Jesús alabó la humildad del recaudador de impuestos. Dijo:
“Este hombre bajó a su casa probado más justo que [el fariseo]; porque todo el que se ensalza será humillado,
pero el que se humilla será ensalzado” (Luc. 18:14).
En lugar de dejarse llevar por la fama de corruptos que tenían los recaudadores,
Jesús procuró ayudar a aquellos que lo escucharon.
De hecho, al menos dos de ellos —Mateo y Zaqueo— se hicieron discípulos suyos.
Trataban de impresionar a los demás con exhibiciones de fervor religioso.
Les gustaban los puestos importantes y los títulos llamativos.
Jesús advirtió: “Todas las obras que hacen, las hacen para ser vistos por los hombres;
porque ensanchan las cajitas que contienen escrituras que llevan puestas como resguardos,
y agrandan los flecos de sus prendas de vestir. Les gusta el lugar más prominente
en las cenas y los asientos delanteros en las sinagogas, y los saludos en las plazas de mercado,
y el ser llamados por los hombres Rabí” (Mat. 23:5-7).
¡Qué diferente era Jesús! A pesar de ser el Hijo de Dios y un hombre perfecto, era humilde.
Cuando un joven lo llamó “Buen Maestro”, él contestó: “¿Por qué me llamas bueno?
Nadie es bueno, sino uno solo, Dios” (Mar. 10:18).
Y en otra ocasión les enseñó a sus discípulos una lección de humildad lavándoles los pies personalmente (Juan 13:1-15).
El cristiano verdadero sirve de buena gana a sus hermanos en la fe (Gál. 5:13).
LO QUE YO ENSEÑO NO ES MIO
PERTENECE AL QUE ME ENVIO” (Juan 7:16.)