
Iniciado por
Ju@njo
Buenas Kimo,
Exactamente, tú lo has dicho, utilizaba las escrituras del Antiguo Testamento para decirnos que muchas de ellas no eran de Dios ya que Dios no se contradice y Dios contradice en el Evangelio muchas de esas leyes antiguas de hombres:
"Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.
Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra;" Mateo 5, 38-39
"Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.
Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;" Mateo 5, 43-44
Jesus fue mas alla de lo que decia la ley
la ley manda a amar a tu prójimo
y aborreceras a tu enemigo
Jesus manda a Amad a vuestros enemigos,
bendecid a los que os maldicen,
haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;"
Jesús utilizó citas de las Santas Escrituras que sus oyentes judíos ya conocían.
Por ejemplo, les recordó: “Oyeron ustedes que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’” (Mateo 5:38).
Los pasajes a los que aludió se encuentran en Éxodo 21:24 y Levítico 24:20.
Conviene destacar que, en armonía con la Ley de Dios, el castigo de “ojo por ojo” solo se administraba
una vez que el infractor había sido juzgado por los sacerdotes y jueces,
quienes sopesaban las circunstancias y el grado de premeditación de la ofensa (Deuteronomio 19:15-21).
Con el tiempo, los judíos tergiversaron la aplicación de esta ley.
Movido por la compasión,
Jehová dictó leyes que impedían que se cometieran injusticias.
Veamos un caso. La Ley limitaba la posibilidad de que alguien fuera víctima de una acusación falsa.
¿De qué manera? Para empezar, el acusado tenía el derecho a saber quién lo acusaba (Deut. 19:16-19; 25:1).
Además, para que se le declarara culpable, era necesario que presentaran testimonio al menos dos testigos (Deut. 17:6; 19:15).
LO QUE YO ENSEÑO NO ES MIO
PERTENECE AL QUE ME ENVIO” (Juan 7:16.)