Al igual que Pablo, los testigos de Jehová hoy son discípulos de Su Hijo glorificado, Jesucristo.
A estos Testigos suyos Jehová ha encomendado el tesoro de “las gloriosas buenas nuevas”.
(1 Timoteo 1:11.)

Los testigos de Jehová no han dejado de cumplir esta gran responsabilidad,
y se les insta a no avergonzarse de ella. (2 Timoteo 1:8.)

Es vital que nunca permitamos que el temor ni la timidez nos impidan dar testimonio
e identificarnos como testigos de Jehová.

Como resultado de esa testificación denodada, intrépida, en toda la Tierra
se ha proclamado el nombre del Dios Altísimo, y las buenas nuevas de su Reino
se han predicado por todo el mundo.

El Hijo de Dios dijo: “Estas buenas nuevas del reino
se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio
a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”,
y nunca podría permitirse que su predicción fracasara. (Mateo 24:14.)