Jesús mostró su plena fe en la infalibilidad de los escritos sagrados cuando dijo que
“la Escritura no puede ser nulificada” (Jn 10:34, 35),
y que ‘antes pasarían el cielo y la tierra que una letra diminuta
o una pizca de una letra de la Ley
sin que sucediesen todas las cosas’. (Mt 5:18.)
Dijo a los saduceos que estaban equivocados con respecto a la resurrección debido a que
“no [conocían] ni las Escrituras ni el poder de Dios”. (Mt 22:29-32; Mr 12:24.)
Estuvo dispuesto a ser detenido y a morir debido a que sabía que eso cumpliría la Palabra escrita de Dios,
las Sagradas Escrituras. (Mt 26:54; Mr 14:27, 49.)





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