Entonces debes comprender que la Ley que realmente había dado Dios es la Ley que Jesucristo nos enseñó cuando predicó el Evangelio y sus misericordiosos mandamientos, y no los mandatos del viejo Testamento que Jesucristo abolió, pues Jesucristo no había venido a abolir la verdadera Ley de Dios, sino a darla a conocer cuando el pueblo estaba en tinieblas porque ya no conocía la verdadera Ley de Dios porque había sido cambiada en mentira por la pluma mentirosa de los escribas, como nos dice Jeremías 8:7-8.





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