Si alguien datase con cualquier mecanismo una antigüedad que te sirviese para demostrar la veracidad de algún escrito bíblico, lo aceptarías y lo utilizarías como evidencia.
Pero si tal documento se te atravieza por la garganta, dirías que los métodos no son de fiar, y que las dataciones son falsas.
Curioso que los creyentes, al referirse a la ciencia, solamente creen en lo que les es útil.
En cambio, quienes no somos creyentes, aceptamos la ciencia dentro del alcance que ésta tenga, y tenemos total claridad que la ciencia es falible, como todo conocimiento humano.
Los creyentes, por su lado, creen que sus creencias son infalibles.
Jamás comprenderás la inmensidad de La Nada.