Así es, LO DIGO. Mi Padre Celestial se llama Jehová, y por eso soy Su Testigo. No soy testigo de ningún dios de las naciones:

Is. 43:8 Haz salir a un pueblo que, aunque tiene ojos, es ciego
y que, aunque tiene oídos, es sordo.
9 Que todas las naciones se junten en un solo lugar
y que los pueblos se reúnan.
¿Quién entre ellos puede anunciar esto?
¿Pueden ellos hacernos oír las primeras cosas?
Que presenten sus testigos para probar que tienen razón,
que los oigan y digan: ‘¡Es verdad!’”.
10 “Ustedes son mis testigos —afirma Jehová—,
sí, mi siervo, a quien he elegido,
para que ustedes me conozcan, tengan fe en mí
y entiendan que yo soy el mismo.
Ningún Dios fue formado antes de mí,
y después de mí no ha habido ningún otro.
11 Yo, yo soy Jehová, y aparte de mí no hay ningún salvador”.
12 “Yo soy el que anunció, salvó y lo dio a conocer
cuando no había entre ustedes ningún dios extranjero.
Así que ustedes son mis testigos —afirma Jehová—, y yo soy Dios.
13 Además, siempre soy el mismo;
y nadie puede arrebatarme nada de la mano.
Cuando yo hago algo, ¿quién lo puede impedir?”.