Al leer la última parte de los evangelios, donde se narra la supuesta resurrección de Jesús, surgen varias preguntas.
Nadie vio resucitar a Jesús. Entonces ¿Cuánto tiempo estuvo en la tumba?

Sabemos que fue enterrado el viernes por la tarde, pero pudo resucitar el sábado o el domingo de madrugada.
Lo cierto es que no estuvo enterrado tres días, como se dice.

En cuanto a la vestimenta que se puso en lugar del sudario y los lienzos con que fue enterrado ¿De dónde la sacó? ¿Fue confeccionada por ángeles?
No es una pregunta baladí, ya que posiblemente ese vestido tuviera algo que ver con que sus discípulos no le reconocieran (ninguno le reconoció).

El asunto del cuerpo resucitado también tiene su misterio ¿Era de carne y hueso como el anterior a su muerte? Además de no ser reconocible para sus discípulos, debía de tener la propiedad de atravesar las paredes, pues entraba en salas estando las puertas cerradas.

Lo de los dos discípulos que iban a Emaús resulta de juzgado de guardia. Después de recorrer parte del camino junto a Jesús y charlando con él, no le reconocen.

Resulta de lo más extraño que nadie reconociera a Jesús. Incluso María Magdalena, que había acompañado a Jesús con asiduidad, le confunde con un hortelano.

Por el evangelio de Juan sabemos que Jesús estuvo 40 días en la tierra antes de subir al cielo (asunto este que, por otra parte, parece que desconocían los otros tres evangelistas. Sin embargo, Juan dice: “Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; pero ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. 18 Fue María Magdalena entonces a dar las nuevas a los discípulos de que había visto al Señor y que él le había dicho estas cosas”. (Juan 20:17-18). No tiene sentido que Jesús le mande a María Magdalena decir a los otros que sube al Padre, cuando seguidamente Jesús les va a visitar.

Resulta evidente que nadie, absolutamente nadie de los seguidores de Jesús, esperaba que Jesús resucitara. Leemos en un evangelio: “Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creyeron”.
La explicación es bien sencilla: Jesús nunca dijo nada de que le iban a matar y que iba a resucitar al tercer día. Esas son palabras puestas en la boca de Jesús y que nunca dijo.