Es posible que alguna vez hayamos oído una noticia parecida a: “Un juez condena a dos años de cárcel a un hombre por robar tres pollos en un supermercado”.

Inmediatamente esta noticia nos impacta, por parecernos excesivo el castigo.
Lógicamente, resulta ser una noticia sensacionalista en la que se han omitido los agravantes que existieron, y fundamentada en los cuales la sentencia del juez resultaba correcta y justa.

En principio, nos impactó la noticia porque nos pareció la condena carente de proporcionalidad: La condena de dos años de cárcel por robar tres pollos era a todas luces excesiva.
Creo que tenemos un sentido innato de la proporcionalidad.

Una persona, aunque desde que naciera hasta que muriere a los 120 años estuviera maldiciendo y quebrantando todos los mandamientos, en absoluto haría daño alguno a Dios. La persona es una gota de agua; Dios es mil océanos.

El cristianismo dice que Dios castiga al pecador al fuego eterno.
¿Es posible esto? ¿Dónde está nuestro sentido de la proporcionalidad?
¡Qué sapos nos hace tragar las religiones!