
Iniciado por
KIMO
En la antigüedad, Dios no exigió a los israelitas
que vivieran en la pobreza.
Hoy Jesus no exige que
los cristianos vivan en pobreza.
La Ley de Moisés mandaba al pueblo
que tuviera compasión de quienes sufrían
reveses económicos y se veían sumidos en la pobreza
(Levítico 25:35-40).
Por otro lado, algunos israelitas se hacían ricos.
Por ejemplo, la Biblia dice que Boaz,
hombre de fe e integridad que llegó a ser
antepasado de Jesucristo, era “poderoso en riquezas” (Rut 2:1).
La situación no había cambiado en tiempos de Jesús.
Con la respuesta que le dio al hombre rico,
mencionado al principio,
Jesús no pretendía promover el ascetismo,
sino transmitir una importante lección.
Desde el punto de vista humano, tal vez pareciera imposible
que las personas acaudaladas fueran humildes
y aceptaran el medio de salvación de Dios.
Sin embargo, como Jesús señaló,
“para los hombres esto es imposible,
pero para Dios todas las cosas son posibles” (Mateo 19:26).
La congregación cristiana del siglo primero acogía a
“hombres de toda clase” (1 Timoteo 2:4).
Entre ellos había personas adineradas,
otras que llevaban una vida holgada
y muchas que apenas lograban cubrir sus necesidades básicas.
Es posible que algunos fueran ricos
antes de hacerse cristianos
o que las circunstancias propicias
y las buenas decisiones comerciales
les reportaran grandes beneficios
después de haberse convertido al cristianismo.