Los israelitas de tiempos de Isaías nunca vieron o escucharon a Jehová, su Dios. Él les hablaba mediante sus profetas enviados directamente por Él. No obstante a eso, Jehová dijo que ellos eran sus testigos:
Is. 43:10 “Ustedes son mis testigos —afirma Jehová—,
sí, mi siervo, a quien he elegido,
para que ustedes me conozcan, tengan fe en mí
y entiendan que yo soy el mismo.
Ningún Dios fue formado antes de mí,
y después de mí no ha habido ningún otro.
11 Yo, yo soy Jehová, y aparte de mí no hay ningún salvador”.
12 “Yo soy el que anunció, salvó y lo dio a conocer
cuando no había entre ustedes ningún dios extranjero.
Así que ustedes son mis testigos —afirma Jehová—, y yo soy Dios.
Para Jehová, ser testigos suyos NO REQUIERE que la persona lo vea directamente o haya hablado con Él. Lo que nos importa a los Testigos cristianos de Jehová es lo que Él piensa de nosotros, y eso es lo que somos: SUS TESTIGOS EN TODA LA TIERRA ... los únicos que lo somos.
2Tim.3:13 (...) los hombres inicuos e impostores avanzarán de mal en peor, extraviando y siendo extraviados.
Dan.11:33 Y tocante a los que tienen perspicacia entre el pueblo, impartirán entendimiento a los muchos. (...)
... 12:10 Muchos se limpiarán y se emblanquecerán y serán refinados. Y los inicuos ciertamente actuarán inicuamente, y absolutamente ningún inicuo entenderá; pero los que tengan perspicacia entenderán.