Judith del Rocio escribió:
Hace un par de años también me tocó tratar en mi oficio de psicóloga a una joven cuyo padre había muerto recientemente y que ella veía aparecerse de pronto saliendo como fantasma de los muros de su casa o del suelo, recién desenterrado. La chica experimentaba tal terror ante estas alucinaciones que sólo deseaba la muerte al lado de su padre; le expliqué que cuando le ocurriera esto observara a su alrededor buscando detalles de la ubicación de los objetos dentro de la casa: ¿todo estaba en su lugar? ¿No faltaba nada? ¿Había indicios de que lo que experimentaba podría no ser verdadero? Poco a poco ella fue encontrando contradicciones, y así, perdiendo fuerza de esta manera, la visión mortífera desapareció completamente.
Nuestra mente tiende a confundir la realidad con elaboraciones creadas por nosotros mismos, pero estas elaboraciones, que surgen de nuestros temores, no son perfectas y al ser confrontadas con los datos del ambiente siempre salen perdiendo.
Lo mismo ocurre con la experiencia religiosa.
Obvio es que supiste encontrar la manera perfecta para solventar el problema. Yo, centrándome más en el problema que en la solución, lo veo tal como tu dices, en lo de "confundir la realidad con elaboraciones creadas por nuestra mente". Dicho de otra manera "especie de programaciones efectuadas a nivel de subconsciente, producidas mayormente durante un estado emocional muy fuerte que la persona proclive a la autosugestión dificilmente pueda evitar". Me imagino que este tipo de "programaciones" son parecidas a las fobias...
No deja de ser curioso notar que cuando vamos a entrar a otro estado de conciencia, y sin que el propio individuo se de cuenta, le baja el ritmo de la respiración, lo que al rato conlleva a una pequeña deficiencia en el aporte de oxígeno en el cerebro. A su vez hace que la voluntad decaiga, nuestra pantalla mental queda en blanco por unos breves momentos, y seguidamente ya empieza a quedar plasmada en ella aquella imágen que al principio deseábamos, pero al darnos cuenta que perdíamos control de nosotros mismos, empezaba a inquietarnos y darnos miedo. Miedo que se puede intensificar y llegar a tomar aires de terror.
Referente a contrastar la realidad exterior con la interior, si la cosa funcionara exactamente así, ningún creyente culto debería tener problemas para dejar de creer..., y vemos que en la práctica no es así.
Lo de superar la visión mortífera (siempre según mi entender), no vino tanto de la contrastación (que sí que tambien vino), sino del hecho de ser capaz de hacer funcionar la parte consciente al movilizar la voluntad para concentrarse en la apreciación de detalles y así poderlos contrastar. Al poner en marcha la parte consciente que trabaja a una frecuencia superior que la subconsciente, se obliga al cuerpo a respirar más profundamente y a un mayor ritmo, lo que aporta una mejor oxigenación del cerebro, y con ella, se vuelve al estado normal...
"El amor hace que todos espejos seamos, por eso más recibimos cuanto más damos".- Rahwananda.