“Y EL quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo. 2 Y abrió el pozo del abismo, y del pozo subió humo como el humo de un gran horno; y el sol y el aire se oscurecieron por el humo del pozo 3 Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra”. (Apocalipsis 9:1-3)

Parece que el Espíritu Santo ignora que una estrella es miles de veces mayor que la Tierra. Una vez caída la estrella, sobran las langostas. Ni rastro quedaría del mundo.
Y lo leemos sin pestañear.