La prueba más contundente de que los que se dicen creyentes en realidad no son creyentes es la siguiente:
Dile al creyente:
"dile al monte que salte al mar".
Ningún creyente lo hará, porque no cree en lo que predica.
La prueba más contundente de que los que se dicen creyentes en realidad no son creyentes es la siguiente:
Dile al creyente:
"dile al monte que salte al mar".
Ningún creyente lo hará, porque no cree en lo que predica.
Jamás comprenderás la inmensidad de La Nada.