El apóstol Pablo escribió:
“Toda Escritura es inspirada de Dios
y provechosa para enseñar,
para censurar, para rectificar las cosas” (2 Timoteo 3:16).

Su afirmación concuerda con la que hizo Jesús
en una oración a Dios: “Tu palabra es la verdad”.


Al comparar lo que creemos con la Palabra de Dios
imitamos a los cristianos de la antigua Berea,
quienes se aseguraron de que las enseñanzas de Pablo
armonizaran con las Escrituras. Lejos de criticarlos,
Lucas los encomió por su actitud, pues
recibieron la palabra con suma prontitud de ánimo
y examinaban con cuidado las Escrituras diariamente
en cuanto a si estas cosas eran así”
(Hechos 17:11).

En vista de las enseñanzas religiosas y morales
tan contradictorias que circulan hoy día,
es importante que sigamos el ejemplo de los bereanos de corazón noble.

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