Y mucho más: ni lo sospechas.
Vieras tú las cosas que había.O quizás esos deseos hediondos y putrifacteticos
te impidieron llegar a ser sacerdote
uno de esos con malas pulgas
que le coges miedo en confesión.
waaaa
jajajajaja
La caperucita roja se queda corta.
Pero cuando finalmente se entra en razón...







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