"Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios." (Hebreos 1:6)
Jesucristo era Dios previo a encarnar, durante la encarnación, y es Dios luego de la encarnación. En cada una y todas estas etapas le corresponde la adoración. El mandato de adorarlo destaca la supremacía de Cristo.
La orden de adorar a Cristo comprueba su plena deidad. Los ángeles son encumbrados, pero Cristo es tan superior a ellos, que les es ordenado adorarlo. Sólo se debe adorar a Dios, por lo que Cristo es Dios.
"Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.(Apoc. 22:8-9)
El ego es un eje demasiado débil para hacer girar nuestra vida en torno a él.