Naturalmente si el rezo lo reduces a un petitorio resulta cansativo hasta para quién lo recita.
Pero, al menos cuando yo estuve muy ligado a la ICAR, (como ya lo he dicho en otras oportunidades, estuve en un seminario católico con la intención de ser cura), no recuerdo rezos para pedir.
Eran rezos para agradecer.
Como los hijos, cuando agradecen a sus padres el haberlos amamantado (no solo de leche).




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