Creo, compañero misericordia, que lo que debemos buscar en el mundo no son salarios IGUALES, sino salarios JUSTOS.
Es muy diferente una cosa de la otra.
Jesús, en su parábola de los talentos, no tuvo empacho en admitir que las personas reciben de Dios diferentes ventajas, y que lo que Él espera es que cada quien desarrolle lo más posible lo que le fue dado, sea mucho o poco.
Una persona que recibió un coeficiente intelectual más alto, una familia más estable e inteligente, una mejor salud física y nacer en un país más desarrollado, tendrá ventajas que no tendrá el que nació con el coeficiente más bajo, la familia desecha, enfermedades y en medio de un país miserable y corrupto.
Aún así, tanto el que nació con más ventajas como el que nació con menos ventajas serán responsables ante Dios de hacer con lo que recibieron lo máximo para ser felices y servir a los demás.
En ningún caso la persona que recibió diez talentos debería sentirse culpable de recibir más, ni la que recibió un solo talento sentirse una víctima y exigir del que recibió diez una compensación.
Baháulláh nos enseñó que la desigualdad siempre existirá, pero que lo importante es evitar los extremos de pobreza y riqueza a través del servicio solidario.
Una cosa es buscar mitigar la desigualdad lo cual es factible, y otra intentar eliminarla, lo cual es imposible.
Todo intento por eliminar la desigualdad pasará necesariamente por la coerción, por el uso de la fuerza. Y aún así, fracasará.
Inclusive si pones a 100 niños en una isla y les otorgas el mismo acceso a salud, educación y oportunidades, al cabo de dos o tres generaciones se habrán producido diferentes clases sociales, resultado tanto de las diferencias en genética como en accidentes, preferencias y decisiones individuales.
En conclusión, nuestro foco debe ser sobre la eliminación de la injusticia, no la eliminación de la desigualdad.





Responder Citando