Si se lee la historia del cristianismo, resulta difícil entender las barbaridades que se han cometido en el nombre de Dios.
Es tremenda la rémora que tiene la humanidad, cuando su mayoría vive anclada en dichos, proverbios y salmos citados por personas que vivieron hace miles de años.
Algunas veces me he preguntado si esas personas tan creyentes, cuando están en la camilla de operaciones de un hospital, momentos antes de ser anestesiadas para sufrir una importante operación, no son conscientes de que están dando muestras de confiar más en las manos del cirujano de turno, que en las jaculatorias fervientes a santos de su devoción.
Y, una vez repuestos, dirán que todo salió bien gracias a la oración que, momentos antes, dirigió a su santa favorita X.
Y no se dan cuenta que siempre existieron esos santos y santas; y que es el avance de la ciencia lo que permite salvarnos de enfermedades que antes, ni rezando a un centenar de santos, nos libraban de la muerte.
La Verdad nos hará libres.