
Iniciado por
Elisabet*
Para los primeros cristianos, los miembros de su casa eran todos los que habían creído en Jesús y en el Evangelio y vivían como un solo corazón y una sola alma. Ellos vivían teniéndolo todo en común. Y entre ellos no había ningún necesitado, pues los que tenían propiedades las vendían y se repartía a cada uno según su necesidad:
Hechos 4:32
Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.
4:33 Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos.
4:34 Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido,
4:35 y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.
Como vemos, los primeros cristianos tenían todas las cosas en común. Así que entre ellos no había hombres codiciosos de poder y riquezas:
No todo era tan idílico.
Esta historia demuestra que ni el Espíritu Santo era misericordioso, ni Pedro se acordaba de las dulces palabras del Maestro.
Entre Pedro y el Espíritu Santo habían establecido una dictadura:
“Y vino un gran temor sobre toda la iglesia y sobre todos los que oyeron estas cosas”.
PERO un hombre llamado Ananías, con Safira, su esposa, vendió una propiedad 2 y se quedó con parte del precio, sabiéndolo también su esposa; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. 3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo y te quedases con parte del precio de la heredad? 4 Reteniéndola, ¿no te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. 5 Entonces Ananías, al oír estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. 6 Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron. 7 Y pasado un espacio como de tres horas, sucedió que entró su esposa, sin saber lo que había acontecido. 8 Entonces Pedro le dijo: Dime: ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. 9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué os pusisteis de acuerdo para tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. 10 Y al instante ella cayó a los pies de él y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron y la sepultaron junto a su marido. 11 Y vino un gran temor sobre toda la iglesia y sobre todos los que oyeron estas cosas.
(Hechos 5:1-11).
La Verdad nos hará libres.