En todo caso, para no eternizarnos buscándole los tres pies al gato, debemos preguntarnos cómo amar al prójimo que odiamos, o cómo odiar al que amamos. Y no me vengáis con el cuento de que la Biblia nos habla de amor, pues el supuesto autor de la Biblia, nada más y nada menos que el mismísimo Dios, nos envió el Diluvio Universal, y no para enseñarnos a nadar, sino para exterminarnos.




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