Los cristianos deberían confiar en la bendición de Dios
sobre su trabajo y no estar indebidamente ansiosos
por sus necesidades materiales.

Jesús aconsejó a sus seguidores que buscasen primero el Reino.
También exhortó: “Trabajen, no por el alimento que perece,
sino por el alimento que permanece para vida eterna”.

Por consiguiente, los siervos de Dios mantienen el dinero
y las cosas materiales obtenidas por medio del trabajo
en una posición subordinada a las riquezas espirituales,
que son mucho más importantes.

También utilizan los recursos materiales
adquiridos mediante el trabajo
para dar adelanto a los intereses espirituales,
y así se ‘hacen amigos’ de Dios y Cristo.