Nada puede impedir que el Dios todopoderoso, Jehová,
lleve a cabo cuanto se propone.
Por eso, después de que el hombre pecó,
Jehová obró como si el rescate ya se hubiera pagado
y pudo tener tratos con los que ponían fe
en el cumplimiento de sus promesas.
Esto permitió que algunos descendientes imperfectos de Adán
—como Enoc, Noé y Abrahán— pudieran andar con Dios
y gozar de su amistad, sin que ello menoscabara
Su santidad (Génesis 5:24; 6:9; Santiago 2:23).





Responder Citando