Jesucristo dijo que “el obrero es digno de su salario”,
lo que indica que a los que trabajaban
con relación a los asuntos espirituales
no les faltarían las cosas necesarias de la vida. (Lu 10:7.)

Sin embargo,
como el apóstol Pablo mostró a los tesalonicenses,
la persona perezosa que se niega a trabajar
no merece comer a expensas de otros,
sino que debería aprender a trabajar
con sus manos para atender sus necesidades. (1Te 4:11; 2Te 3:10, 12.)

Del mismo modo,
el que hurta no debería ‘hurtar más’,
sino hacer “trabajo duro”. (Ef 4:28.)

El ejemplo de Pablo, que había trabajado arduamente con sus manos
a fin de no ser una carga económica
para sus hermanos



(Hechos 18:3) y, como tenía el mismo oficio, se quedó en su casa y trabajó con ellos. Su oficio era hacer tiendas de campaña.




(Hechos 20:34) Ustedes saben que estas manos han trabajado
para conseguir lo necesario para mí y para los que andan conmigo.




(1 Corintios 9:15) Pero yo no he recurrido ni siquiera a una de estas ayudas. En realidad, no escribo estas cosas para que me las hagan a mí, porque preferiría morir antes que... ¡Nadie va a quitarme este motivo de orgullo!



(1 Tesalonicenses 2:9) Seguro que recuerdan, hermanos,
nuestro duro trabajo y nuestros grandes esfuerzos.
Cuando les predicamos las buenas noticias de Dios,
trabajamos día y noche a fin de no ser una carga económica
para ninguno de ustedes.