Elisabaet
Los castigos prescritos en la Ley
dada por Jehová a través de Moisés
contribuyeron a mantener la tierra
limpia de contaminación a la vista de Dios:

Los castigos tuvieron un efecto disuasorio,
infundieron respeto por la santidad de la vida,
la ley del país, su Legislador (Dios) y también por el prójimo.
Cuando la Ley se obedecía,
protegía a la nación de la pobreza
y de la decadencia moral,
con sus enfermedades repugnantes y perjuicio físico.

En la Ley no se prescribían castigos brutales.
Ningún hombre podía ser castigado
por los males que otro hubiese cometido.

Los principios estaban expuestos con claridad.
A los jueces se les permitía cierta libertad
para juzgar cada caso individualmente,
teniendo en cuenta las circunstancias,
motivos y actitudes de los acusados.

La justicia tenía que aplicarse con todo rigor. (Heb 2:2.)
Así, un asesino no podía escapar de la pena de muerte
ofreciendo dinero, sin importar la suma de que se tratase. (Nú 35:31.)

Si un hombre era homicida involuntario,
podía huir a una de las ciudades de refugio.

El confinamiento dentro de los límites de la ciudad
le hacía tomar conciencia de lo sagrado de la vida
y de que incluso el homicidio involuntario no podía
tomarse a la ligera, sino que requería una compensación.
Por otra parte, como trabajaba en la ciudad de refugio,
no representaba una carga económica para la comunidad. (Nú 35:26-28.)