VEZ tras vez Jesús señaló que era
una criatura separada de Dios y que él, Jesús,
tenía sobre sí a un Dios, un Dios a quien adoraba
y a quien llamaba “Padre”.
En oración a Dios, es decir, al Padre, Jesús dijo:
“[Tú], el único Dios verdadero”. (Juan 17:3.)

En Juan 20:17 Jesús dijo a María Magdalena:
“Voy a subir a mi Padre y vuestro Padre,
a mi Dios y vuestro Dios” (Str).

En 2 Corintios 1:3 el apóstol Pablo confirma esta relación:
“Bendito sea el Dios y Padre
de nuestro Señor Jesucristo”.

Puesto que Jesús tenía un Dios,
su Padre, no podía ser a la misma vez ese Dios.