Cita Iniciado por Elisabet* Ver Mensaje
Los pecados no se heredan. Jesús enseñó que Él pagará a cada uno según sus obras. Y también dijo: Si yo no hubiera venido ni les hubiera hablado, no tendría pecado; pero ahora no tienen excusa para su pecado". Entonces lo que dices contradice al Evangelio, pues los hombres no tenían pecado hasta que Jesucristo les habló y no recibieron su Palabra.

Y es que antes de venir Jesucristo, los hombres no conocían los mandamientos que realmente habían sido dados por Dios, porque la ley de Dios había sido cambiada, por eso los hombres que no conocían la ley de Dios no tenían culpa de vivir en el error. Pero Jesucristo quitó el error del mundo cuando predicó el Evangelio y enseñó los mandamientos que había dado Dios realmente desde siempre y para siempre. Por eso, ya no tenían excusa para su pecado aquellos que desobedecieran los mandamientos de Jesús había enseñado.

Para salvarnos de la herencia del pecado vino Jesus
Envejecemos y morimos por el pecado que heredamos de Adan.

“El salario que el pecado paga es muerte” (Ro 6:23),
y por haber nacido en el linaje de Adán,
todos los hombres han llegado a estar bajo la
“ley del pecado y de la muerte”.
(Ro 8:2; 1Co 15:21,22.)

El pecado y la muerte ‘han reinado’ sobre la humanidad
y la han subyugado, sometiéndola
a la esclavitud a la que Adán la vendió.
(Ro 5:17, 21; 6:6, 17; 7:14; Jn 8:34.)

Estas declaraciones muestran que al pecado
no solo se le considera la comisión u omisión de ciertas acciones,
sino también una ley, principio gobernante o fuerza que actúa en los humanos,
a saber, la inclinación innata
a cometer el mal que han heredado de Adán.
De modo que su herencia adámica ha producido ‘
debilidad de la carne’, imperfección. (Ro 6:19.)

La “ley” del pecado obra continuamente en sus miembros,
intentando controlar su proceder, hacerlos sus súbditos,
a fin de que no estén en armonía con Dios.
(Ro 7:15, 17, 18, 20-23; Ef 2:1-3.)

El “rey” pecado puede dictar sus ‘órdenes’
de maneras muy diversas a personas de distintos
antecedentes y en momentos diferentes.
De ahí que cuando Dios observó que Caín
se enardeció de cólera, le advirtiese que depusiese su ira
y procurase el bien, pues, como Jehová le dijo,
“hay pecado agazapado a la entrada,
y su deseo vehemente es por ti;
y tú, por tu parte, ¿lograrás el dominio sobre él?”.
Sin embargo, Caín permitió que el pecado de la envidia
lo dominara e hiciese de él un asesino. (Gé 4:3-8; compárese con 1Sa 15:23.)