Jesús resucitó corporalmente,

Él advirtió que se levantaría corporalmente

Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo y en tres días lo levantaré. Entonces los judíos dijeron: En cuarenta y seis años fue edificado este Templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Pero él hablaba del templo de su cuerpo. 22 Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos recordaron que había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había dicho. (Juan 2: 19-22);

La tumba vacía así lo atestigua

El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. 2 Hallaron removida la piedra del sepulcro 3 y, entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. (Lucas 24: 1-3);

El testimonio de los ángeles

Aconteció que estando ellas perplejas por esto, se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 6 No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló cuando aún estaba en Galilea. (Lucas 24: 4-6);

Sus apariciones después de ser resucitado

Mientras aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos y les dijo: ¡Paz a vosotros! Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían un espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy. Palpad y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo. (Lucas 24: 36-39).

Le dijeron, pues, los otros discípulos: ¡Hemos visto al Señor!
Él les dijo: Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré. Ocho días después estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, se puso en medio y les dijo: ¡Paz a vosotros! Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo y mira mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! (Juan 20: 25-28).