Algo esencial para comprender las Escrituras es tener capacidad de razonar, y la disposición de hacerlo con honestidad. En la Biblia eso se describe como "amar la justicia" y "aceptar el amor de la verdad" en 2Tes.2:9-12. No es un asunto de llegar a una conclusión a base de raciocinio, sino un asunto de actitud, que es obediente a la verdad o rebelde al punto de ofuscarse y porfiar contra ella sin motivo razonable.


Los que buscan la verdad con honestidad no llegan a ese extremo, porque reconocen cuándo hay razones suficientes para aceptar alguna cosa como realmente bíblica. Jesús no se preocupó de la gente que le porfiaba; ni siquiera se molestó en tratar de ayudarlos, porque sabía que sería inútil, porque su corazón era duro como pedernal, como el del Faraón, que vió los milagros de Moisés y aun así se ofuscó al punto de atacarlos ... o el de los líderes judíos, que vieron los milagros de Jesús (que eran tan únicos y especiales) y aun así no se cohibieron de oponerse a él hasta matarle.


Cuando venga el día del juicio, la gente terca e irracional vá a responder por su actitud más que por sus creencias, porque la verdad sí tiene quien la defienda con argumentos ... y sí que se les muestra ... pero no la aceptan por pura testarudez y dureza de corazón.