La Biblia nos dice lo siguiente:
Puesto que los ‘hijitos’ son partícipes de sangre y carne,
él también de igual manera participó de las mismas cosas”. (Heb 2:14-16.)

Se habló de su estancia en la Tierra como
“los días de su carne”. (Heb 5:7.)

El propio Jesús dijo:
“El pan que yo daré es mi carne a favor de la vida del mundo”.

Jesús no recuperó su cuerpo carnal,
invalidando así el rescate por el que había sido dado.
El apóstol Pedro testifica que fue al cielo,
la región de los espíritus, no de las criaturas de carne,
“habiendo sido muerto en la carne, pero hecho vivo en el espíritu”.
(1Pe 3:18.)

Según la carta de Pablo a los Hebreos,
la cortina del santuario que estaba delante del Santísimo,
el cual representaba el cielo mismo,
era una representación de la carne de Jesús,
puesto que el camino a la vida en el cielo
no se abrió hasta que él ofreció su cuerpo carnal.
(Heb 9:24; 10:19, 20.)