Al igual que huyen las ratas del barco que se hunde, huyeron los discípulos cuando prendieron a Jesús. En el Gólgota solamente estaban los crucificados, los verdugos y los soldados romanos. Nadie más.
Los soldados romanos no permitían que nadie se acercara.
¿Quién pudo oír esta edificante conversación, con teología incluida? En el caso que sucediera.
Lo cual refuerza la tesis de que Jesús no murió en la cruz, y que los soldados no lo mataron, sino que descolgaron el cuerpo aún con vida, y se lo entregaron a Nicodemo, quién lo rescató.

Luego de tres días, encontraron la tumba vacía: obvio, Jesús nunca estuvo ahí.