Ellos tenían sus bienes en común.
Pués ármate una comunidad con bienes en común.
Nadie te lo impide.

Yo lo hice en el pasado, y lo que pasó es que yo fuí el único que trabajaba, y los demás comuneros, todos cristianos con las mismas ideas que tú, se tiraban las pelotas mientras yo trabajaba y repartía.

Y se nota que tú eres de los que gusta que te den, pero no parece que te gusta dar.