el famoso docto bíblico católico romano inglés, monseñor Knox, tiene en su traducción (1944) una nota al pie de la página que dice: “Este versículo no aparece en ningún buen manuscrito griego. Pero puede ser que las versiones latinas hayan conservado el texto verdadero.” Y en el cuerpo principal de su texto la traducción católica Confraternity (1941) dice: “Pues hay tres que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y hay tres que dan testimonio en la Tierra: el Espíritu, y el agua, y la sangre; y estos tres son uno.” En una nota al pie de la página, esta traducción declara: “Según la evidencia de muchos manuscritos, y la mayoría de los comentaristas, estos versículos deben decir: ‘Y hay tres que dan testimonio, el Espíritu, y el agua, y la sangre; y estos tres son uno.’” Sin embargo, la nota al pie de la página agrega: “La Santa Sede se reserva el derecho de formar juicio finalmente sobre el origen de la lectura presente.”

A Catholic Commentary on Holy Scripture (1953) se toma la libertad de explicar cómo el Padre, el Verbo (Jesús) y el Espíritu Santo dan testimonio de la divinidad de Cristo. Entonces, explicando las palabras “y estos tres son uno,” esta obra declara que “tienen una sola e idéntica naturaleza.” Sin embargo, entonces remite a otra página (que probablemente la mayoría de los lectores no consultaría). Allí uno encuentra una admisión de que por lo general ahora se toma este pasaje por una glosa que se introdujo furtivamente en los manuscritos latinos antiguos, de la Vulgata y griegos. Puesto que eso es cierto, ¿por qué se intentó explicarlo?