KIMO no son la misma persona. Dios es un ser único que existe como dos personas distintas: el Padre y el Hijo.
Jesús no solo dijo ser Jehová. También proclamaba ser igual a Dios en otros aspectos.
No solo asumió los títulos de la Deidad, sino que reclamó para sí
mismo las prerrogativas de Dios. A un paralítico le dijo: «Hijo, tus
pecados te son perdonados» (Marcos 2.5). Solo Dios puede perdonar
los pecados y los escribas lo comprendieron correctamente: «¿Quién puede perdonar
pecados sino solo Dios?» Así que, para probar que su proclama
no era una vana jactancia, sanó al paralítico, ofreciendo la prueba
directa que también era verdad lo que había dicho en cuanto a
perdonar pecados.
Otra prerrogativa que Jesús reclamó fue el poder de levantar y
juzgar a los muertos: «De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y
ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los
que la oyeren vivirán... y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección
de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de
condenación» (Juan 5.25-29).
Jesús eliminó toda duda que pudiera haber al respecto cuando
agregó: «Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida,
así también el Hijo a los que quiere da vida» (Juan 5.21).
El Antiguo Testamento enseña que solamente Dios era el dador
de la vida (1 Samuel 2.6; Deuteronomio 32.39); que levantaba
a los muertos (1 Samuel 2.6; Salmo 49.15), y el único Juez (Joel
3.12; Deuteronomio 32.35). Jesús asume osadamente poderes que
solo Dios tiene.
También proclamó que sería honrado como Dios; dijo que «todos
honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo,
no honra al Padre que le envió» (Juan 5.23).
Los judíos que escuchaban sabían que nadie debía proclamar ser
igual a Dios de esa manera y, nuevamente, procuraron matarlo (v. 18).





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