El profeta Oseas utilizó la expresión
“los toros jóvenes de nuestros labios”,
indicando con ello que para Dios,
la alabanza que procede de nuestros labios
es uno de los mejores sacrificios (Oseas 14:2).
El apóstol Pablo hizo esta exhortación
a los cristianos hebreos:
“Ofrezcamos siempre a Dios sacrificio de alabanza,
es decir, el fruto de labios
que hacen declaración pública de su nombre” (Hebreos 13:15).




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