Es interesante destacar que Jesús
previno contra “toda suerte de codicia”.

En efecto, la codicia puede adoptar diversas formas.

El último de los Diez Mandamientos
enumera algunas:
“No debes desear la casa de tu semejante.
No debes desear la esposa de tu semejante,
ni su esclavo,
ni su esclava,
ni su toro,
ni su asno,
ni cosa alguna
que pertenezca a tu semejante”
(Éxodo 20:17).