Cita Iniciado por María_Laura3 Ver Mensaje
Kimo, se ve que aún no has podido entender que Jesucristo es Dios mismo que se hizo carne. Y no entiendes que lo que fue tentado es la carne, pues Dios se había hecho Hombre, y la carne sí podía ser tentada, como así ocurrió con Jesús, que era Dios mismo que se hizo carne. Y el diablo no pudo nada contra Jesús.
Si, es cierto tengo un poco de dificultad entendiendo eso,
creo que usted me podrida ayudar con esto.

Es Dios quien ha hecho a Jesús "Señor y Cristo", y que lo ha nombrado como "Juez de vivos y muertos" (Hechos 2:36; 10:42).

Muchas veces los apóstoles se refieren a Dios y a Jesús en su actual relación en el cielo. Así es como lo hacen:

"Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo" (Romanos 1:7).

Esta precisa fraseología se repite en varias de las epístolas. En Efesios se dice:

"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo [...], el Dios de nuestro Señor Jesucristo" (1:3, 17).

Cada vez que se hace alusión a Dios y a Jesús en el cielo, siempre se les presenta como dos Personas separadas, y siempre se da prioridad al Padre.

De especial interés es el libro del Apocalipsis, dado por medio del apóstol Juan, y casi con certeza se debe fechar alrededor del año 90 de nuestra era, o quizás un poco después. En dicho libro hay casos en que el Señor mismo, resucitado y exaltado, se refiere directamente a su relación con Dios el Padre. Note cómo empieza esta revelación:

"La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas, que deben suceder pronto" (Apocalipsis 1:1).

En los primeros capítulos, Jesús se dirige directamente "a las siete iglesias que están en Asia" (v. 4), y se refiere en varias ocasiones a Dios su Padre:

"El que venciere [...], confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles" (3:5; véase también vs. 12, 21).

Estas son las palabras de Jesús mismo; fueron pronunciadas alrededor de 60 años después de que subió al cielo y ocupó su sitio de honor a la diestra de Dios. Por lo tanto, describen su relación con Dios en su actual estado glorificado. Su sentido general es claro: Dios el Padre es quien tiene la autoridad suprema; es él quien da la revelación a su Hijo; es su trono el que su Hijo comparte; y es él a quien el Hijo reconoce como "mi Dios". No hay sugerencia de "co-igualdad" en estos tan significativos pronunciamientos.