Los Testigos deseamos la mejor atención médica posible para nosotros mismos y para nuestras familias. Eso sí, solo aceptamos tratamientos médicos sin sangre.

Nuestra posición se basa en una importante ley que Dios dictó para toda la humanidad. Poco después del Diluvio, Dios les dio permiso a Noé y su familia para comer carne animal. Solo les impuso una restricción: no*debían consumir sangre (Génesis 9:3,*4). Esta ley es aplicable a todos los seres humanos, pues todos descendemos de Noé. Además, se trata de una ley que nunca ha sido abolida. De*hecho, más de ocho*siglos después, Dios la repitió a la*nación de Israel y les explicó que la sangre es sagrada porque representa el alma, es decir, la vida misma (Levítico 17:14). Y*mil quinientos años más tarde, los apóstoles ordenaron a los cristianos que “[siguieran] absteniéndose* de sangre” (Hechos 15:29).

Los testigos de Jehová estamos convencidos de que si aceptáramos una transfusión, no*estaríamos absteniéndonos de sangre. Por esa razón insistimos en recibir otros tratamientos. Además, esta postura bíblica ha contribuido mucho a elevar la calidad de la atención médica. Eso explica por qué hoy día muchas personas que no*son testigos de Jehová también solicitan tratamientos sin sangre.