Desde que los testigos de Jehová señalaron al año 1914 como fecha de la segunda venida –invisible– de Cristo,todo su discurso proselitista se ha basado sobre esta afirmación. En sus revistas, aún en los años 80, podemos observar este reclamo: “Muchos que ahora viven no morirán jamás. No se trata de una afirmación infundada. Hay razones para creer eso”. ¿Por qué lo decían? Porque aseguraban que antes de terminarse la generación de 1914 llegaría el fin del mundo tal como lo conocemos, y por eso algunos de ellos no tendrían que pasar ya por el trance de la muerte, al vivir en carne propia el fin de los tiempos.

Además, es curioso reparar en algo que puede verse al analizar los escritos de la secta a lo largo del tiempo:
el vocablo “muchos” no hizo otra cosa que sustituir el que usaban con anterioridad: “Millones que ahora viven no morirán jamás”, expresión que llegó a ser el título de uno de sus libros (escrito por Joseph F. Rutherford, segundo presidente de los testigos, en 1920. Una vez más, observamos el cambio interesado de las doctrinas según la conveniencia del tiempo para mantener una construcción teológica irracional, alejada de todo fundamento bíblico.

Para que vean que no me estoy inventando esto, leamos lo que escribió Rutherford en su libro, después de mencionar el año 1914, decidido a probar
“que dentro de un definido período de tiempo el viejo orden será completamente erradicado y el nuevo orden estará en completo dominio; que estas cosas tomarán lugar dentro del tiempo de la presente generación y que por lo tanto hay millones de gente ahora viviendo en la tierra que las verán tomar lugar, a quienes será ofrecida vida eterna y quienes, si la aceptan sobre los términos ofrecidos y obedecen esos términos, no morirán jamás”.
Quedaba bastante clara la inminencia del fin del mundo y las muchas posibilidades que parecía tener el lector de vivirlo.

¿Y qué hacer en este tiempo final, que parecía tan claro? Formar parte de la única organización legítima de Dios sobre la tierra: los testigos de Jehová. (Un fraude completo jaja) Porque todo lo de fuera estaba condenado. Como también decía Rutherford hace casi un siglo, “definitivamente vemos que los Tiempos de los Gentiles terminaron en el otoño de 1914. A ese tiempo, de acuerdo con la declaración profética, las naciones se aliaron y la ira de Dios ha estado sobre ellas desde entonces”. Así, “1914 marca el principio del fin del mundo”, algo que siguen sosteniendo ahora.
Si he citado un libro de 1920 es por la importancia que tuvo. Pero no hace falta ir tan atrás en el tiempo.
Si uno busca el año 1914 en la página de Internet de la secta, que tanto han publicitado hace unos meses, se encuentra con múltiples referencias a la importancia de esta fecha centenaria, lo mismo que en su material publicado en papel. Por ejemplo, a la pregunta “¿Qué pruebas demuestran que 1914 fue un año muy importante?” responden con la argumentación –ya resumida antes– de los 2.520 años que habrían concluido en octubre de 1914.

Y añaden, para actualizar la cosa:
“Jesús predijo que durante su ‘presencia’ como Rey celestial se producirían sucesos espectaculares, tales como guerras, hambres, terremotos y epidemias. Y así ha sido. Estos sucesos son una prueba convincente de que en el año 1914 nació el Reino celestial de Dios y comenzaron ‘los últimos días’ de este mundo malvado”.
Además, aportan muchos versículos del libro del Apocalipsis para demostrar a sus adeptos e intentar convencer a los demás hombres y mujeres del mundo que “los jinetes ya están aquí”, “el mundo está cada vez peor” y, por eso, “esta generación no pasará”. Estas últimas expresiones, por cierto,
en La Atalaya de enero de 2014, que concluye categóricamente: “Lo que está pasando desde 1914 debería convencernos de que falta poco para que el Reino de Dios elimine a la gente mala”.


¿Qué fundamento tiene todo esto?

Si nos basamos en la Biblia, tenemos que reconocer que el reinado de Cristo en el cielo comenzó tras su Ascensión, y cualquier otro cálculo temporal carece de sentido. De hecho, ya desde el comienzo de su predicación, Jesús afirma que el Reino de Dios ha llegado con él (Mt 4,17). Cualquier fijación de una fecha concreta es un intento vano de conocer el plan de Dios y sus plazos, que sólo conoce el Padre, según el testimonio del propio Jesús. Cada vez que rezamos la oración transmitida por él, le pedimos que se haga la voluntad del Padre “en la tierra como en el cielo”.

No podemos, por tanto, aceptar una supuesta espera de Jesús hasta el año 1914 para sentarse en el trono mesiánico, y tenemos que reconocer, con toda la Tradición de fe, desde los primeros símbolos que codificaron las creencias de los cristianos, basándose en lo revelado en la Biblia, que tras su muerte y resurrección Cristo “subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre”.