“De la abundancia del corazón habla la boca”, dijo Jesucristo. (Mt 12:34.) Por consiguiente, el tema habitual de la conversación de una persona indica aquello en lo que tiene puesto su corazón. Las Escrituras nos instan a salvaguardar el corazón y a pensar y hablar de aquello que es verdadero, serio, justo, casto, amable, de buena reputación, virtuoso y digno de alabanza. (Pr 4:23; Flp 4:8.)

Jesucristo dijo: “Lo que procede de la boca, eso es lo que contamina al hombre”, y entre las cosas que proceden de la boca, pero que en realidad salen del corazón, dijo que se contaban los “razonamientos inicuos” y los “testimonios falsos”. (Mt 15:11,19.)